Meilhan sur Garonne

Construido en lo alto de una colina de 40 metros, el pueblo de Meilhan-sur-Garonne ofrece una vista excepcional sobre el valle del Garona y su meandro. Gracias a su emplazamiento estratégico único, Meilhan fue durante mucho tiempo sinónimo de fortificación inconquistable, marcando así la historia local.

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Garonne et Canal

El Garona y el Canal
Los orígenes de Meilhan se remontan a principios del siglo XII, época en la que se puede confirmar la existencia de una iglesia dedicada a Saint Cibardo y de un priorato de benedictinos alrededor del cual se aglutinan varias viviendas. El pueblo, construido en lo alto de un promontorio calcáreo, fue rápidamente transformado en ciudadela cuando ya en manos de la corona de Inglaterra, se convirtiera en guardián de su frontera con Aquitania.
El conjunto de fortificaciones presentaba, hacia el año 1250, un castillo con una torre bien alta, las murallas de ladrillo y una iglesia que estaba integrada en el mismo sistema de defensa. El conjunto fue varias veces reorganizado. Fue probablemente durante la realización de las primeras fortificaciones cuando se construyó la pequeña fuente de Uzas, restaurada a lo largo de los siglos y actualmente aún visible.
La fortaleza de Meilhan, cerrojo amenazador en el Garona y bien visible desde lejos, impresionaba a los marineros que, según cuentan, “inventaron” un refrán: “Qui voit Meilhan n’y est pas dedans” que significa “Quien avista Meilhan, sabe que le va a costar entrar”.
Esta alta torre fue precisamente reproducida en el blasón de la ciudad, rodeada de tres ranas que representan, quizá, los pantanales próximos al río.

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Canal

El rey de Inglaterra, Enrique III, se hospedó en la villa fortificada en 1254. Durante la Guerra de los Cien Años, perteneció a los señores de Albret. En 1348 el pueblo fue tomado por los ingleses quienes habrían abierto una brecha en las murallas. Esa “brecha de los ingleses” es actualmente un sendero en pendiente que une el canal del Garona a la colina. El pueblo siguió cambiando de dominio durante algunas décadas más. En 1335, Eduardo de Woodstock, el célebre Príncipe Negro, también se paró durante unos días en la ciudadela.
Después de la Guerra de los Cien Años, el lugar fue perdiendo importancia. En el siglo XVI, la Reforma naciente se adentró firmemente en el pueblo. En 1621 el cardenal de Richelieu, temiendo que los Protestantes en revuelta tomaran la ciudadela y la utilizaran contra las tropas reales, decidió destruir las fortificaciones y por tanto también la iglesia, elemento clave de defensa.
Un nuevo edificio, sin estilo, fue construido y dedicado a San Miguel en 1624. En el siglo IX fue destruido y sustituido por otra construcción de estilo neorrománico dedicada esta vez a San Cibardo. Algunos elementos de la escultura de la anterior iglesia fueron reutilizados para esta nueva construcción. Con su alto campanario visible de lejos, la nueva iglesia de Meilhan parece tomar el lugar de la torre de fortificación que tanto impresionaba, antaño, a los navegantes del Garona.

El panteón del almirante

 

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Le caveau de l’amiral

En el siglo XIX, el contra-almirante Barón de Lacrosse, nativo de Meilhan, hizo excavar en la roca del pueblo una alcoba calada de dos aperturas, lugar que quería convertir en su tumba. En un primer momento sus deseos fueron realizados pero después sus restos fueron trasladados al cementerio del pueblo. Los vestigios del “panteón del almirante” se pueden aún contemplar, justo abajo del ayuntamiento.
La brecha de los ingleses

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La brèche des Anglais

En 1919, para distinguirlo de sus homónimos de las Landas y del Gers, el municipio de Meilhan fue rebautizado como Meilhan-sur-Garonne.
Hoy día, con el Canal del Garona abrazando la parte baja de la colina del Tertre, la parada náutica y el camping contiguo, Meilhan es un lugar imprescindible para los aficionados al turismo fluvial y para los cicloturistas que circulan por la voie verte (el camino verde). Asimismo, la piscina permite refrescarse a todos aquellos que hayan llegado hasta la colina por la brecha de los ingleses; y las frescas orillas del canal, bordeadas de plataneros, invitan a descubrir los tesoros escondidos de los alrededores, como por ejemplo el lavadero de Tersac (recientemente restaurado) y la cercana capilla del siglo XII.